¡Multipliquémonos por 10!
No puedo evitar pensar que hemos dejado caer los brazos y caído en el pesimismo. Talvez la mejor prueba de ello consiste en observar como muchos de nosotros cifran sus esperanzas en la actuación de otros; políticos para más señas. Otro grupo entre los que me incluyo, piensa que no existen motivos para albergar esperanzas de solución que provengan de la misma clase política que ha creado el problema.
Se espera asimismo con frecuencia que un recurso de inconstitucionalidad podría suponer un significativo avance en nuestra posición pero creo que se olvida que es una vía indirecta, que por lo tanto no depende de nosotros y que tiene un plazo de resolución largísimo pero, sobre todo se olvida, que quién finalmente debe dictar sentencia, el Tribunal Constitucional, es otra instancia política más al servicio de esa casta que ha generado el problema.
¿Por qué no somos realistas y aceptamos que a día de hoy no existe solución a la vista?
¿Por qué no aceptamos de una vez que las soluciones que existen no van a poder impedir que el daño se convierta en una realidad efectiva en unos pocos meses?
Ayer estuve viendo un video de alguien que decía que hay que cambiar la forma de pensar para poder cambiar la forma de actuar. Y sin embargo aquí estamos nosotros intentando cambiar cosas sin ninguna baza real que jugar, depositando esperanzas aquí y allá por la simple razón de que es mejor tener una esperanza que no tenerla, aunque ésta no sea más que humo.
Nos la están jugando. Eso está a la vista porque todo lo que vemos no es más que una pantomima para hacer ver una disconformidad con una injusticia que es más una cuestión de imagen que de verdadero sentimiento. Esta injusticia va a provocar muchas salpicaduras y algunos se preparan para que no los alcancen a ellos pero, en el fondo de la cuestión, que el rodillo del Estado pase por encima de 50.000 personas les importa un comino.
Así que hay que cambiar el modo de pensar para hacer otro tipo de cosas que hasta ahora no hemos hecho. Lo contrario, seguir con la misma inercia que llevamos, me parecería como si ya nos hubiéramos dado por vencidos.
Sería estupendo que el Tribunal Constitucional sentenciara dentro de seis años que esta ley vulnera la Constitución, pero sucede que los problemas serios y reales se iniciarán a partir de este verano, sólo a unos meses vista. Por tal motivo no me basta con una solución a seis años y creo que se debe exigir a cualquier propuesta que ofrezca un remedio a más corto plazo.
Volviendo al asunto del cambio de la manera de pensar, me entristece profundamente observar cómo la inmensa mayoría ven el conflicto desde una perspectiva puramente económica lo cual, en mi humilde opinión nos aleja considerablemente de las autenticas soluciones. Siempre he sostenido que esto es, sobre todas las cosas, una cuestión que tiene mucho más que ver con principios y el Estado de derecho que no tenemos, que con horas de sol, zonas climáticas o enmiendas senatoriales. Creo que obviar esta cuestión representa un considerable error que impide un correcto diagnostico de la situación. ¿Es que nadie se ha preguntado cómo es posible que esto pueda suceder? ¿A nadie se le ha derrumbado en su imaginación el tipo de estado en el que creía vivir?
Debemos cambiar la manera de pensar para actuar de manera diferente y así poder cambiar las cosas. Debemos elevar el nivel de nuestras exigencias a aspectos más allá de los puramente económicos y, después de eso, debemos confiar en que sólo el trabajo de todos, basado y guiado por principios sólidos y generales, es la base de la solución. Con ello asimilaremos algo fundamental y es situar la solución en nuestras manos y en nuestro esfuerzo continuado. Si alguna ventaja tenemos en todo esto es que, por lo menos, somos 50.000 personas. Ejércitos mucho menos numerosos ganaron batallas.
“Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.”
Concepción Arenal 1820-1893. Escritora y socióloga española.
“Una causa bien defendida es una causa justa.”
George Calinescu 1899-1965. Novelista, dramaturgo y poeta rumano.
“Se le otorgará a la Administración pública, a lo más, la presunción de legalidad de sus actos: la seguridad jurídica así lo exige. Pero aquella legitimidad que se reconoce a la conducta de la Administración no pasará de ser una presunción con una significación marcadamente formal. Y será el propio Estado quien articule medios jurídicos con los que pueda ejercer el súbdito ese derecho que si en un principio puede ser de resistencia en función de una reparación individual, más tarde será además de propia y verdadera colaboración a la buena marcha de la función pública”.
Tal como alimentan sus cuerpos con riqueza robada, así alimentan sus mentes con conceptos robados, y proclaman que la honestidad consiste en negarse a saber que están robando (Ayn Rand).