La bendición de la quiebra
Estamos atrapados y sin salida en el corralito fotovoltaico. Ahora ya conocemos a ciencia cierta la calaña de quienes nos gobiernan y hemos de aceptar el hecho de que hemos sido unos muñecos en sus manos, nos han atraído y luego engañado hacia una inversión que ahora se muestra con un panorama desolador.
Ya no es solo que los recientes recortes sitúen algunas economías al borde de la bancarrota o directamente en ella, es que se ha demostrado que esta inversión es tan peligrosa como cualquier otra efectuada en países emergentes en los que son muy elevados los riesgos asumidos. A partir de 2014 continuaremos en la senda de la inseguridad no solo porque ya tengamos definidas nuevas limitaciones de horas sino porque también sabemos que estas podrán ser cambiadas según el criterio del Gobierno en el momento que lo considere oportuno.
¿Qué sentido tiene entonces continuar con la inversión? Toda la ilusión o esperanzas que yo tuviera hace solo unos pocos años se han esfumado. Ahora, de todo aquello, solo queda una chatarra de algo sin futuro o esperanza que parece que solo esperará al momento oportuno para enviarnos a la quiebra manteniéndonos en un permanente estado de angustia, frustración y miedo.
Yo me niego a vivir de este modo porque aún aspiro a tener cierto control sobre mi vida. No se puede vivir de manera permanente bajo el miedo de nuevos recortes y cambios y por eso talvez la mejor salida posible sea adelantar y provocar lo inevitable para que por lo menos suceda cuando y como yo decida.
Ya no temo a la quiebra porque esta es mi mejor salida y ahora mi problema consiste en como planificarla para salir lo mejor librado posible. Si la inversión quebrara al haberse roto las previsiones de ingresos y el banco ejecuta sus garantías es evidente que la rentabilidad obtenida sería cero o negativa y que ya estaría fuera del corralito. Habría escapado de la trampa a costa de unas pérdidas materializadas en la venta de las instalaciones por parte del banco y ejecución de garantías con todos sus gastos asociados.
Pero ahora estaría libre para reclamar los daños y perjuicios que me ha producido esta situación porque las pérdidas se han materializado y ya no constituyen una simple hipótesis o expectativa. Son reales y cuantificables económicamente. Estas pérdidas contrastan con la rentabilidad razonable que nos habían garantizado. El nexo de unión entre esa rentabilidad razonable garantizada y las pérdidas reales producidas es la actuación administrativa que ha privado de manera sistemática al sector de unos de los requisitos esenciales para su desarrollo como es la estabilidad regulatoria, algo tan básico como saber a que atenerse.
Puede que en este país una ley cambie a otra sin el más mínimo respeto por las situaciones consolidadas pero está en mi mano no jugar a este juego de fulleros y cartas marcadas. Está en mi mano retirarme de la partida y reclamar compensación por los daños y perjuicios que me han provocado.
Los conceptos de daño emergente, lucro cesante y daños morales tienen ahora todo el sentido porque está absolutamente claro que no tengo la obligación de soportar todo esto y que el daño que recibo es antijuridico porque la ruina o bancarrota no es una forma de la rentabilidad razonable que nos aseguraron.
Las instalaciones las comprarán otros a precios de saldo obteniendo las rentabilidades que se merecen en función de las circunstancias, es decir, rentabilidades de dos dígitos equivalentes a inversiones efectuadas en países en los que no se respetan las leyes porque, al fin y al cabo, eso es lo que somos.
Por todo lo anterior me atrevo a decir que aquel que se vea con el agua al cuello no debería albergar temor porque cuenta con la bendición para abandonar la trampa y rehacer su vida y creo que, siendo capaz de aguantar el primer envite, con el tiempo acabará ganando.
Tal como alimentan sus cuerpos con riqueza robada, así alimentan sus mentes con conceptos robados, y proclaman que la honestidad consiste en negarse a saber que están robando (Ayn Rand).