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Quinto A veces me asombra la capacidad de encajar putadas que tenemos en este país.
Os habéis acercado mucho, mucho a una cuestión clave que, hasta ahora, ha pasado desapercibida y para la que pongo el siguiente ejemplo que perfectamente se podría convertir en un caso real.
Fulanito Zetanez inicia hoy la promoción de su planta solar aportando el aval, el proyecto y todas las milis quinientas que necesita como aderezo.
En el curso de su tramitación se encuentra con todos los obstáculos habidos y por haber. La compañía distribuidora lo maltrata de mala manera y abusa de su posición alargándole los plazos hasta donde puede (y a veces también hasta donde no debe). Los trámites administrativos van a su ritmo normal teniendo en cuenta donde estamos y que la administración competente se encuentra saturada de trabajo. En todo el procedimiento tienen que intervenir además varias administraciones que van por libre y no se coordinan en absoluto.
Todo el procedimiento se efectúa en serie, es decir, que hasta que no se tiene un papelito no se inicia el trabajo para darte el siguiente.
La mayoría de los ayuntamientos que tienen que dar la licencia no saben de que va el asunto y lo único que baila en su cabeza es la cifra de lo que van a cobrar por la licencia y tasas.
Y a todo lo demás se deben añadir los imprevistos diversos e imprevisibles por definición como los ladrones, los vendavales que arrasan con todo, los incumplimientos de contratos, la incompetencia aquí y allá….
No se os habéis dado cuenta pero Fulanito Zetanez tiene por delante un camino que resultaría duro hasta para Indiana Jones y lo que no tiene es probabilidades de acortar los plazos hasta algo razonable, así que la obra se le va de las manos y tarda un año mas de lo que tenia previsto en tenerla terminada.
Cuando esto sucede se da cuenta de que está fuera, los cruceros de alta velocidad lo han adelantado y ahora se encuentra con que no tiene cupo, Simplemente ha llegado tarde después de haber hecho la inversión y ahora es cuando es consciente de la dramática situación en la que se encuentra porque ha efectuado el gasto pero va a cobrar la energía a precio de mercado lo que equivale a la ruina. No podrá cumplir con las cuotas del banco, todo se ha ido al traste y se encuentra en la ruina más absoluta. Si aún le quedan fuerzas pensará en reiniciar su vida desde cero. En caso contrario pensará en una cuerda y un árbol.
Y todo esto se asume con tranquilidad, como quien oye llover. Antiguamente este tipo de cosas las mandaba Dios o el Rey y se asumían como fatalidades de la vida. Hoy siguen siendo fatalidades de la vida que vienen de no se sabe donde.
¿Vosotros creéis que a esto hay derecho?