Argumentos jurídicos contra una barbaridad
Análisis de la situación actual
Veo los ánimos muy decaídos. Demasiado diría yo. A veces parece como si todo el pescado estuviera vendido.
Una buena dosis de realismo, visto desde mi particular punto de vista, para que nos vamos a engañar, no creo que haga mal a nadie.
Una de las cosas que me llama la atención es la confusión generalizada que existe cuando tratamos el enfoque del problema por la vía jurídica, lo que conduce a que los estados de ánimo cambian con frecuencia desde la euforia hasta el pesimismo. Como en la ley del péndulo, se pasa de un extremo al otro casi sin punto intermedio. Por eso es importante una evaluación previa de la situación de partida.
Nuestra Ley de máximo rango es la Constitución que, con todos sus defectos, es la propia de un país democrático y un Estado de Derecho. No me podréis negar que esto es una gran ventaja porque ninguna ley se puede oponer a la constitución. Esto es bueno
Lo que sucede es que en este país no se respetan las leyes y la Constitución no es una excepción. Un catedrático de derecho dice que “Las Facultades de Derecho son ya los recintos en que aprender las iniquidades, los abusos y los dolores todos contra el Derecho, convertido en salivazos de los delincuentes de cuello blanco, que trituran y mascan con sus dientes la Constitución y las leyes, escupiéndolas después a los antihigiénicos recipientes de loza blanca, que creíamos desaparecidos, pero han tenido que ser recuperados”. Esto es malo.
A esta situación se llega tanto por unos políticos sin principios como por un poder judicial sometido en gran medida a este mismo poder político. Los jueces a los que compete la interpretación y tutela de las leyes son ahora demasiado dóciles y dúctiles, es decir, que han perdido su independencia. Esto es malo.
A pesar de esto no todos los jueces han hecho dejación de sus funciones por lo que aún existe un gran numero de ellos, no podría afirmar si mayoría, que lucha por su independencia y valora en su justa medida la función que les corresponde en la sociedad como garantes últimos de derechos y libertades. Esto es bueno.
Pese a todo al poder político no le agrada en absoluto la función fiscalizadora de sus actuaciones que puede llevar a cabo el poder judicial por lo que se ha ido encargando a lo largo del tiempo de minar el camino de la justicia con medidas impuestas como la penuria de medios, lo que asegura que, en el mejor de los casos, la justicia sea lenta lo que equivale a que es menos justicia. Esto es malo.
No es desdeñable en esta coyuntura que los jueces han sido uno de los primeros colectivos que han visto en primera persona como sus salarios eran recortados de una manera que nadie mejor que ellos pueden juzgar. Como les corresponde, han actuado con responsabilidad aceptando el golpe entre rechinar de dientes, pero esa sensibilidad hacia los recortes bárbaros la tienen ahora en punto álgido, como una herida en carne viva. Eso es bueno.
Ningún juez puede perder de vista que su actuación está ahora mas fiscalizada que nunca por otros tribunales internacionales y que como ya ha sucedido con sentencias famosas como la del caso Rumasa les pueden sacar todas sus vergüenzas. Es mas, la implicación en este conflicto de un número importante de inversores internacionales es un claro indicio de que el asunto llegará a estos tribunales internacionales con el apoyo explicito de los países de origen de estos inversores. Eso es bueno.
Revuelva usted este cóctel sin que nada quede ni abajo ni arriba y es muy probable que obtenga una justa medida de nuestras opciones para defender nuestros derechos en los tribunales de justicia.
Tal como alimentan sus cuerpos con riqueza robada, así alimentan sus mentes con conceptos robados, y proclaman que la honestidad consiste en negarse a saber que están robando (Ayn Rand).