
Iniciado por
Eduard
. En este sentido, permitidme un cuento:
Un tipo nos está vendiendo un piso, pongamos por 100. En un momento determinado, cuando ve que estamos interesados, nos dice: “Apresúrense en su decisión ya que tengo otro comprador que se lo va a quitar de las manos; está muy decidido, tiene el dinero, bla bla bla”
Si analizamos la situación:
1. Si tuviera otro comprador que le diera más o lo mismo, ya estaría vendiéndoselo, no perdería el tiempo con nosotros.
2. Si no lo hace, es porque o bien no existe tal comprador o bien da menos dinero.
La única respuesta inteligente es decirle: “Adelante, adelante, concluya la operación con este otro comprador. Si no se produce la venta, ya sabré positivamente que el piso no valía 100 y tendremos que cerrar la venta por menos. El “Mercado” manda”.
El problema reside en el “miedo”, miedo a perder aquello de lo que nos hemos “enamorado”. De lo contrario, “otro gallo nos cantara”. Y por eso nos precipitamos y habitualmente cerramos acuerdos que no son todo lo buenos que podrían ser. Así es la vida.
¿A qué viene este cuento? Pues que le veo un cierto paralelismo con la situación actual de la FV y la actitud de Sebastián, resumida en: “Si no alcanzamos un pacto, obraré unilateralmente”
Frente a esa amenaza, la única respuesta inteligente es: “Adelante, no se demore, haga lo que tenga que hacer, unilateralmente, pero cuanto antes mejor; si espabila ya podrá aplicar el ahorro en este mismo mes de Julio”.
Ahora bien, si finalmente no hace nada, entonces sabremos que no tiene nada en su mano y que cualquier acuerdo con nosotros, que implique un perjuicio, será consecuencia de nuestro “miedo” y no de alguna posibilidad real que pueda utilizar. Recordad cómo obra el gobierno: todo lo que puede hacer, lo hace, con el BOE o con Las Cortes y lo que no hace, es simplemente porque no lo puede hacer. Y entonces (en el caso de Sebastián y Marín) filtran, amenazan, desmienten (pero no del todo), vuelven a amenazar, desprestigian, manipulan a la opinión pública, intentan (y quizás hasta lo consiguen) meternos “miedo” y finalmente Sebastián, “el ministro de las oscuras intenciones”, lanza su órdago – actuaré unilateralmente – para el que nuestra única respuesta ha de ser: “quiero”, y ya se sabe, a enseñar las cartas tocan.
Sólo un pacto con nosotros les legitima y hace posible un recorte retroactivo de tarifa, directo o por limitación en las horas. No a la retroactividad.