Tengo miedo ¿continúo?
En este sentido va alguna pregunta presentada en este foro y, sin la menor duda, la inquietud de todos aquellos que han iniciado los trámites para construir una instalación solar. Muchos habrán incurrido ya en considerables gastos e inversión de tiempo. Proyectos, avales, licencias, todo hay que pagarlo en la esperanza de tener en el futuro una instalación y recuperar así lo invertido.
Pero las esperanzas se hunden y no por causa del mercado o los tiempos sino por puro y simple interés político. Nuestro Ministerio de Industria ha situado entre los proscritos a las energías renovables y, a la fotovoltaica, en particular. Ya sólo nos faltaría ver un cartel con el membrete del Ministerio pidiendo la cabeza de la fotovoltaica viva o muerta. Y todo esto infunde mucho miedo porque ya no existe nada seguro puesto que todas las garantías se han convertido de pronto en papel mojado.
Sebastián se ha encargado de dejar bien claro, sin el menor margen para la duda, que no existe nada que pueda impedir que “por interés público” pueda hacer lo que le de la gana con las tarifas y que los intereses privados en presencia o no pintan nada en todo este asunto o son prácticamente irrelevantes. La verdad es que lo suyo no es interés público porque se trata de simple interés político pero ¿qué le vamos a hacer?, él es el Ministro.
El mensaje enviado a los inversores, por naturaleza más asustadizos que un caballo, es igualmente claro e inequívoco, tan claro como si dijera que no se van a respetar las inversiones porque, si se quiebran las garantías, las inversiones no valen nada. Ese trabajo de desprestigio, de quiebra de la seguridad, de transmitir miedo en definitiva, ya está hecho y nosotros somos sus destinatarios.
A estas alturas pocos dudan que todo sea posible y, por esa razón, muchos inversores que pusieron sus ahorros en una planta solar, ahora estarían dispuestos a salir del sector aunque sólo fuera con una miserable indemnización que ni siquiera cubriera la totalidad de los gastos y tiempo invertidos.
No soy dado a los consejos, las decisiones se toman en función de circunstancias y apreciaciones personales y nadie es capaz de ponerse en el pellejo del otro, el consejo recoge el punto de vista del que lo da pero no del que lo recibe. En cualquier caso tengo claro que, en las actuales circunstancias, no haría nada ni aún en el supuesto de que ya hubiera incurrido en importantes gastos. Antes resignarse a perder estos gastos que arriesgarse a perder mucho más. Necesitaría al menos una norma con el carácter de Ley, la tan nombrada Ley de Energías Renovables, para curarme del susto y aún así ya veríamos.
Es muy duro resignarse a perder por una situación injusta que uno mismo no ha provocado. Esta resignación, que nos convierte en corderos, consiste en aceptar el yugo y cargar con las culpas de otro, en este caso, descargando y dejando vacía de contenido la responsabilidad patrimonial del Estado, un bonito concepto que aparece en las leyes y desaparece en la realidad.
En palabras del romano Ulpiano el derecho se basa en tres pilares: vivir honestamente, no hacer daño al otro y dar a cada uno lo suyo. Podéis juzgar la situación desde este punto de vista y sacar vuestras propias conclusiones.
Pero por increíble que parezca y, aún a pesar de tanta modernidad, la resignación no es la única opción disponible porque también existe el camino de la resistencia, “será el propio Estado quien articule medios jurídicos con los que pueda ejercer el súbdito ese derecho que si en un principio puede ser de resistencia en función de una reparación individual, más tarde será además de propia y verdadera colaboración a la buena marcha de la función pública”.
¿Por qué no llenar de contenido el concepto casi abstracto de responsabilidad patrimonial del Estado?. ¿Por qué no asimilar esa frase de Robin Hood “Alzaos una y otra vez hasta que los corderos se conviertan en leones”?
Tal como alimentan sus cuerpos con riqueza robada, así alimentan sus mentes con conceptos robados, y proclaman que la honestidad consiste en negarse a saber que están robando (Ayn Rand).